De vez en cuando leo la historia de un animal, mejor un perro, tan cercano siempre a los humanos, que cualquier otro. No son muchas esas historias que pasan por mis manos, sino pocas pero sumamente agradables, grandes libros diría. Quizá debemos reconocernos más a menudo en los animales para iluminar nuestros límites y ver más allá de ellos, para dejar de cansarnos de nosotros mismos y encontrar en otras criaturas ejemplos con los que estaríamos orgullosos y que seguramente nos harían sentir más dichosos.
La llamada de la naturaleza, de Jack London, da vida a Buck, un cruce de San Bernardo y pastor escocés al que apartan de su relajada rutina para arrojarlo a las crueles tierras heladas del norte para acompañar a los buscadores de oro. Magistral libro el de London, con la aventura y la supervivencia como vehículo hacia el encuentro con la esencia de nuestro lado salvaje. Antes me lo he pasado de maravilla con Flush, una novelita de Virginia Woolf sobre la acomodada vida de un cocker spaniel; con Tumbuctú, la novela de Paul Auster que sigue los azarosos pasos de un perro de raza indefinida, Mister Bones, y su amo Willy Christmas; con los Crímenes bestiales que relata Patricia Highsmith; y, no nos olvidemos, con la necesaria sátira con la que George Orwell retrató la endémica fiebre de poder y totalitarismo en Rebelión en la granja.
Vida perra. Vida animal.
lunes, 21 de enero de 2019
miércoles, 26 de diciembre de 2018
UN PEQUEÑO BALANCE
Muchas lecturas, con variedad de géneros (novela, ensayo, colección de relatos, cómic, biografía), han pasado por mis manos este año, a la luz de las lámparas o del sol y en el recogimiento de un café o del cuarto de baño. Lo bueno se celebra, lo no tan bueno nos llena los momentos vacíos, y lo peor también merece ser juzgado. Un pequeño repaso para dejar constancia.
Mis tres lecturas preferidas:
-Ventanas de Manhattan, de Antonio Muñoz Molina
-Conviene tener un sitio adonde ir, de Emmanuel Carrère
-Una chica sin suerte, de Noemí Sabugal
Mis tres lecturas decepcionantes:
-Conversaciones entre amigos, de Sally Rooney
-Yo por dentro, de Sam Shepard
-Te están robando el alma, de Ian Svenonious
Autor(es) que dejaré de leer: Patrick Modiano, William Trevor
Autor(es) que volveré a leer: Colum McCann, Ignacio Martínez de Pisón
El mejor reencuentro: Patricia Highsmith (y Hanif Kureishi)
El mejor descubrimiento: Mircea Cartarescu
Mención especial: Gainsbourg: Elefantes rosas, de Felipe Cabrerizo
Mis tres lecturas preferidas:
-Ventanas de Manhattan, de Antonio Muñoz Molina
-Conviene tener un sitio adonde ir, de Emmanuel Carrère
-Una chica sin suerte, de Noemí Sabugal
Mis tres lecturas decepcionantes:
-Conversaciones entre amigos, de Sally Rooney
-Yo por dentro, de Sam Shepard
-Te están robando el alma, de Ian Svenonious
Autor(es) que dejaré de leer: Patrick Modiano, William Trevor
Autor(es) que volveré a leer: Colum McCann, Ignacio Martínez de Pisón
El mejor reencuentro: Patricia Highsmith (y Hanif Kureishi)
El mejor descubrimiento: Mircea Cartarescu
Mención especial: Gainsbourg: Elefantes rosas, de Felipe Cabrerizo
martes, 18 de diciembre de 2018
DEL PAPEL A LA PANTALLA (SOCIEDADES LITERARIAS)
Hay una tendencia a proclamar que el cine desvirtúa la literatura cuando la pantalla adapta el papel y se sirve de su mundo creado con la pluma para trasladarlo a un mundo parecido sobre un guión y mostrado con las cámaras. "Prefiero la novela". "El libro es superior". "La película no recoge la esencia del libro"... son algunas sentencias comúnmente oídas en los juicios comparativos.
Son más las películas que he visto tras haber leído la novela en la que se basan que los libros leídos después de haber visto el film que los adapta. En la mayoría de las veces me encuentro con que la obra cinematográfica sufre carencias que enriquecían la obra literaria, aunque el resultado sea más o menos satisfactorio. Conviene tener presente que libro y película son vehículos distintos y que el viaje no se vive de la misma manera, sobre todo si la adaptación del primero se permite licencia temporales y argumentales. La imaginación que brota de las páginas desaparece en la pantalla, que nos ofrece una visión generalmente distinta de que antes surgió en la intimidad de la lectura.
Un ejemplo, el más reciente, que me permite además dejar unas líneas sobre un popular libro que acaba de ser llevado a la pantalla: La sociedad literaria del pastel de piel de patata de Guernsey. Un hábil best seller epistolar, entrañable sin caer en la blandura, emotivo sin excesos, costumbrista sin tópicos. Cierras el libro y deseas saber más, continuar al lado de los personajes. Única obra de Mary Ann Shaffer, a la que su sobrina Annie Barrows ayudó a concluir antes de su muerte en 2008. La película, estrenada hace poco y dirigida por Mike Newell, traduce las cartas que contiene todo el libro en una narración artesana y sin muchas florituras, de factura correcta, bien interpretada, que repite la atmósfera literaria pero carece de detalles jugosos originales que, por otra parte, no habrían aportado mucho o nada a la versión cinematográfica.
Papel y pantalla. Hermanadas pero diferentes.
Son más las películas que he visto tras haber leído la novela en la que se basan que los libros leídos después de haber visto el film que los adapta. En la mayoría de las veces me encuentro con que la obra cinematográfica sufre carencias que enriquecían la obra literaria, aunque el resultado sea más o menos satisfactorio. Conviene tener presente que libro y película son vehículos distintos y que el viaje no se vive de la misma manera, sobre todo si la adaptación del primero se permite licencia temporales y argumentales. La imaginación que brota de las páginas desaparece en la pantalla, que nos ofrece una visión generalmente distinta de que antes surgió en la intimidad de la lectura.
Un ejemplo, el más reciente, que me permite además dejar unas líneas sobre un popular libro que acaba de ser llevado a la pantalla: La sociedad literaria del pastel de piel de patata de Guernsey. Un hábil best seller epistolar, entrañable sin caer en la blandura, emotivo sin excesos, costumbrista sin tópicos. Cierras el libro y deseas saber más, continuar al lado de los personajes. Única obra de Mary Ann Shaffer, a la que su sobrina Annie Barrows ayudó a concluir antes de su muerte en 2008. La película, estrenada hace poco y dirigida por Mike Newell, traduce las cartas que contiene todo el libro en una narración artesana y sin muchas florituras, de factura correcta, bien interpretada, que repite la atmósfera literaria pero carece de detalles jugosos originales que, por otra parte, no habrían aportado mucho o nada a la versión cinematográfica.
Papel y pantalla. Hermanadas pero diferentes.
domingo, 2 de diciembre de 2018
ORGULLO DE CIUDAD LECTORA
"Andamos todos por ahí como feriantes: ‘Compren este libro’; pero a A
Coruña todos queremos venir porque sabemos que hay lectores". Decía esto Rosa Montero el otro día en mi ciudad en un acto literario, un encuentro con escritores y público en una sala abarrotada que los escuchaba y aplaudía, con el respeto y la admiración final de unos cuantos de esos lectores confesado ante la propia escritora para que le firmase un libro comprado o le escuchase un halago. Me complace que Montero asocie mi ciudad al gusto y la buena costumbre de la lectura, algo que semanas atrás admitía también, con palabras parecidas, Eduardo Mendoza. En un periódico leo además que nuestra ciudad tiene en la actualidad 21 clubes de lectura y 92.000 socios en sus bibliotecas públicas. La fuerza de todos, adscritos a cualquier género o a cualquier debilidad literaria, atados a un libro cada día en las horas vivas y en las horas muertas, hace fuerte a cada uno de nosotros, a cada lector.
jueves, 22 de noviembre de 2018
DESCUBRIR A CARTARESCU
Cuando repito con un autor que me gusta, aunque disfrute mucho de nuevo de su obra, de algún modo siento que me estoy perdiendo conocer la obra de otro que aún no he probado y merece tanto la pena. La lista es larga, pero conviene ser selectivos y apuntar bien o acertar con los descartes, porque ya sabemos que la vida es demasiado corta para descubrir a tantos autores. A Mircea Cartarescu le tenía ganas, y nunca había leído a un autor rumano, muy reconocido y admirado él, que, en este caso, trabaja la poesía, el ensayo, la novela y los relatos. He empezado quizá con la obra adecuada, una colección de veinte textos agrupados en el libro de precioso nombre El ojo castaño de nuestro amor, que publica en España la editorial Impedimenta, muy esmerada en cuidar bien a Cartarescu. Reflexiones, recuerdos, añoranzas y recreaciones se abren al mundo interior del autor y al entorno poético que lo envuelve y se pasean por el íntimo apego hacia las cosas, los detalles, los años robados de un país miserable y deprimente, la historia perdida y la imperiosa necesidad de escribir.
Yo creo que el logro de un libro está en esos momentos de resplandor extraordinario más allá de los cuales adivinas el espectáculo de una mente verdadera, de un hombre verdadero, de una inteligencia inagotable.
Ser poeta, en Rumanía y en otras partes, significa ser capaz de ver la belleza allí donde nadie más la ve.
La normalidad, que para algunos nace por sí misma, es para nosotros [los rumanos] un milagro celestial. Resulta increíble todo lo que tenemos que luchar para conseguir un poco de normalidad.
Recordé que todos tenemos una isla sumergida en las profundidades de la mente y que la buscamos desesperados, como el diamante fundido de nuestro ser. Que nosotros mismos, y nuestro mundo, estamos profundamente hundidos en las aguas del tiempo y la memoria universales.
Yo creo que el logro de un libro está en esos momentos de resplandor extraordinario más allá de los cuales adivinas el espectáculo de una mente verdadera, de un hombre verdadero, de una inteligencia inagotable.
Ser poeta, en Rumanía y en otras partes, significa ser capaz de ver la belleza allí donde nadie más la ve.
La normalidad, que para algunos nace por sí misma, es para nosotros [los rumanos] un milagro celestial. Resulta increíble todo lo que tenemos que luchar para conseguir un poco de normalidad.
Recordé que todos tenemos una isla sumergida en las profundidades de la mente y que la buscamos desesperados, como el diamante fundido de nuestro ser. Que nosotros mismos, y nuestro mundo, estamos profundamente hundidos en las aguas del tiempo y la memoria universales.
martes, 13 de noviembre de 2018
EN LAS ENTRAÑAS DE LA MISERIA HUMANA: WALLRAFF Y MAAS
La investigación periodística y el reportaje en profundidad son géneros informativos que encuentran en la novela un vehículo para ganar dimensión y propagar su alcance. El periodismo, en primera o tercera persona, se funde con la literatura (Mailer, Capote, Carrere, Talese, cuatro autores que, sin mucho pensar, me vienen a la mente) para producir en muchas ocasiones ejemplares obras de divulgación y reflexión. Este año he leído algunas. Me quedo con dos de las que más me impactaron. Por haber cavado hacia el fondo de la miseria y villanía de los hombres y retratar la supervivencia de la decencia en un mundo de cloacas.
Cabeza de turco es la conversión del periodista alemán Günter Wallraff en el turco Ali. Durante unos años, en la década de los ochenta, se transformó, con peluca, lentillas y adelgazamiento, en un inmigrante para trabajar en los peores trabajos posibles que entonces (y ahora) Alemania ofrecía a los de su condición y procedencia. Explotado, humillado, ignorado y mal pagado, el autor/intérprete relató la hipocresía social, política, cultural y religiosa de la que fue víctima solo por ser quién era (quien en realidad no era). El escalofriante testimonio desnuda la maldad desalmada de quienes ostentan el poder y el capital.
El periodista y autor Peter Maas es el biógrafo de Frank Serpico, el policía honrado que se vio introducido en un cuerpo policial deshonrado y corrupto en Nueva York entre finales de los años sesenta y comienzos de los setenta. Serpico, a quien dio vida en el cine Al Pacino en una magnífico film de Sidney Lumet, detalló a Maas las prácticas indecentes de sus compañeros a lo largo de los años, con las que se ganó un rechazo y enemistad que casi acaban con su vida antes de retirarse y refugiarse en el anonimato. Un elemento extraño de honor y corrección en un mundo sucio que hoy aún no ha limpiado sus manchas.
Cabeza de turco es la conversión del periodista alemán Günter Wallraff en el turco Ali. Durante unos años, en la década de los ochenta, se transformó, con peluca, lentillas y adelgazamiento, en un inmigrante para trabajar en los peores trabajos posibles que entonces (y ahora) Alemania ofrecía a los de su condición y procedencia. Explotado, humillado, ignorado y mal pagado, el autor/intérprete relató la hipocresía social, política, cultural y religiosa de la que fue víctima solo por ser quién era (quien en realidad no era). El escalofriante testimonio desnuda la maldad desalmada de quienes ostentan el poder y el capital.
El periodista y autor Peter Maas es el biógrafo de Frank Serpico, el policía honrado que se vio introducido en un cuerpo policial deshonrado y corrupto en Nueva York entre finales de los años sesenta y comienzos de los setenta. Serpico, a quien dio vida en el cine Al Pacino en una magnífico film de Sidney Lumet, detalló a Maas las prácticas indecentes de sus compañeros a lo largo de los años, con las que se ganó un rechazo y enemistad que casi acaban con su vida antes de retirarse y refugiarse en el anonimato. Un elemento extraño de honor y corrección en un mundo sucio que hoy aún no ha limpiado sus manchas.
domingo, 28 de octubre de 2018
PROHIBIDO ENTRAR
Inocente de mí. La verdadera belleza de los libros está en ellos, no en quien los guarda ni en las paredes que los protegen.
Cada vez que he ido a Oporto he paseado por diferentes calles sin siquiera tropezarme de casualidad con la librería Lello, una de las más hermosas del mundo, dicen. Esta vez sí tenía ganas de entrar, pasear por el interior y llevarme algún libro, aún sabiendo que el lugar se ha convertido en una atracción turística más de la ciudad, creciente además, hasta el punto que desde hace unos años la tienda cobra por entrar y descuenta luego el precio de la entrada del valor de la adquisición. Llegué temprano a su entrada, apenas una hora después de abrir, y me encontré ya con una larga cola de gente para acceder a la librería, y otra larga cola para comprar la entrada en las taquillas, situadas a la vuelta de la calle. Y jóvenes que se hacían fotos junto a imágenes de Harry Potter porque de la saga de películas se rodaron escenas en esta librería. Y libretas, bolígrafos, fotos, imanes, bolsos, carteras, tazas y todo tipo de souvenirs sobre la tienda. Y las mesas de una cafetería frente a las taquillas. Y desde fuera vi gente apretada en el interior pequeño de la librería, más preocupada de hacer fotos con sus móviles que de buscar o perderse en las estanterías. Y dije basta, me salgo de la cola, espantado con el mercantilismo zafio y global que ha conquistado este templo de la cultura y el saber.
Ya me compraré una precioso libro en una librería no tan preciosa de mi ciudad donde pueda pasear con tranquilidad entre los libros y sentirme verdaderamente solo.
Cada vez que he ido a Oporto he paseado por diferentes calles sin siquiera tropezarme de casualidad con la librería Lello, una de las más hermosas del mundo, dicen. Esta vez sí tenía ganas de entrar, pasear por el interior y llevarme algún libro, aún sabiendo que el lugar se ha convertido en una atracción turística más de la ciudad, creciente además, hasta el punto que desde hace unos años la tienda cobra por entrar y descuenta luego el precio de la entrada del valor de la adquisición. Llegué temprano a su entrada, apenas una hora después de abrir, y me encontré ya con una larga cola de gente para acceder a la librería, y otra larga cola para comprar la entrada en las taquillas, situadas a la vuelta de la calle. Y jóvenes que se hacían fotos junto a imágenes de Harry Potter porque de la saga de películas se rodaron escenas en esta librería. Y libretas, bolígrafos, fotos, imanes, bolsos, carteras, tazas y todo tipo de souvenirs sobre la tienda. Y las mesas de una cafetería frente a las taquillas. Y desde fuera vi gente apretada en el interior pequeño de la librería, más preocupada de hacer fotos con sus móviles que de buscar o perderse en las estanterías. Y dije basta, me salgo de la cola, espantado con el mercantilismo zafio y global que ha conquistado este templo de la cultura y el saber.
Ya me compraré una precioso libro en una librería no tan preciosa de mi ciudad donde pueda pasear con tranquilidad entre los libros y sentirme verdaderamente solo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)









