lunes, 27 de mayo de 2019
ME PLANTO (BLOOMSBURY)
¿Cuántas veces nos plantamos en la mitad de un libro para arrojar la toalla, para cerrarlo con un golpe y decir "hasta aquí, no puedo más"? ¿Cuántas veces resistimos hasta el último párrafo frente al tedio que nos hace interminable un texto con el paso de las páginas? Se nos atasca un argumento retorcido que se marea en recovecos o nos atragantamos con un estilo resbaladizo. Resoplamos con la reiteración y lo convencional, o nos tiramos de los pelos con el riesgo vestido de vanguardia. O quizá no es el momento, el nuestro, para lanzarse a determinada novela y sumergirnos en sus pantanosas aguas. Hace unos años entré con interés en El buen soldado, de Ford Maddox Ford, y salí agotado en la decepción. Con Bufalino pasó lo mismo. Otro ejemplo. El río de pensamientos de Virginia Woolf no me ha dejado pasar de la página 30 y creo que la señora Dalloway tardará bastante en asomarse. Será eso, que no tengo ahora el cuerpo para perderme en la atmósfera de Bloomsbury, aunque a mi espíritu le encante flotar en sus calles.
martes, 30 de abril de 2019
LA LIBERTAD DE LA AUTOCARAVANA, EN CAMPING-CAR
En la lectura de En camping-car me he reencontrado con el niño que fui. No por verme revivido en los recuerdos veraniegos de su autor en los viajes en su autocaravana familiar durante los años ochenta por el sur de Europa (mis rutas y vivencias fueron más modestas), sino por la sensación recuperada de los colores y olores, días y lugares de aquel tiempo que nos contempló en los veranos de nuestra infancia. Noches estrelladas desde el tejado del vehículo, comidas bajo el toldo en muebles plegados, recuerdos de cada estancia, visitas a museos, piedras enterradas, fruta, crema bronceadora, baños en la playa, juegos, comics...
La familia de Ivan Jablonka y otra familia amiga recorrían las carreteras de Portugal, España, Italia, Francia, Grecia y Turquía (años antes cruzaron el mapa de Estados Unidos) en una autocaravana Combi Volswagen que llamaban "el bus". Cada verano se entregaban a un ejercicio de autoconocimiento y realización, de madurez y aprendizaje. Aquella experiencia le proporcionó la libertad para alcanzar la felicidad ("¡Sed felices!", les ordenaba el padre al niño y luego adolescente Ivan en una viaje cuando no disfrutaban de la contemplación del paisajes a través de las ventanas) y años después, con la nostalgia de aquellos viajes y desde la perspectiva de aquellas emociones, reflexiona sobre la vocación, la familia, la educación, el progreso y el tiempo que nos revela cómo erámos y en qué nos hemos convertido.
Jablonka, parisino de origen judío, es profesor de Historia y en su libro, entrañable, de hondura grave y recuerdos livianos, ejerce de historiador de su infancia. Admite que sus libros son "varias cosas a la vez, historia, sociología, antropología, investigación, relato, bitácora, biografía, autobiografía, oración, literatura...". Una ruleta conmovedora que, en En camping-car, nos refleja tal como fuimos.
La familia de Ivan Jablonka y otra familia amiga recorrían las carreteras de Portugal, España, Italia, Francia, Grecia y Turquía (años antes cruzaron el mapa de Estados Unidos) en una autocaravana Combi Volswagen que llamaban "el bus". Cada verano se entregaban a un ejercicio de autoconocimiento y realización, de madurez y aprendizaje. Aquella experiencia le proporcionó la libertad para alcanzar la felicidad ("¡Sed felices!", les ordenaba el padre al niño y luego adolescente Ivan en una viaje cuando no disfrutaban de la contemplación del paisajes a través de las ventanas) y años después, con la nostalgia de aquellos viajes y desde la perspectiva de aquellas emociones, reflexiona sobre la vocación, la familia, la educación, el progreso y el tiempo que nos revela cómo erámos y en qué nos hemos convertido.
Jablonka, parisino de origen judío, es profesor de Historia y en su libro, entrañable, de hondura grave y recuerdos livianos, ejerce de historiador de su infancia. Admite que sus libros son "varias cosas a la vez, historia, sociología, antropología, investigación, relato, bitácora, biografía, autobiografía, oración, literatura...". Una ruleta conmovedora que, en En camping-car, nos refleja tal como fuimos.
sábado, 20 de abril de 2019
LA TRAMA NUPCIAL. TRÍO
Jeffrey Eugenides invierte bastante tiempo en construir sus novelas. Creo que lo exigen: esa precisión estructural edificada a través de un apacible río narrativo requiere la calma y el tino de un arquitecto meticuloso, y Eugenides es el diseñador de rascacielos asombrosos. Nueve años separan sus tres obras largas, las extraordinarias Las vírgenes suicidas, Middlesex y La trama nupcial, esta la tercera por la que me he dejado atrapar, que confirma la maestría deslumbrante de este autor. (Algo menos de tiempo transcurrió antes de la publicación de los inquietantes relatos posteriores reunidos en Denuncia inmediata.)
Un trío, dos hombres y una mujer, forman La trama nupcial. Leonard y Mitchell, a su manera, desde la tortura de su inestable mente uno y en la búsqueda espiritual del sentido de la existencia el otro, están enamorados de la idealista Madeleine, que en los libros indaga sobre el misterio del amor. Solo coinciden los tres, sin rumbo estable desde sus años universitarios hasta la entrega a la madurez, en una breve escena en una habitación, de apariencia anecdótica en el momento en que ocurre, aunque determinante en el desenlace brillante de la novela. La trama nupcial, con sus personajes débiles pero arrebatadores, habla de creer y resistir, de una lucha consigo mismo que subyace a la búsqueda del amor.
Un trío, dos hombres y una mujer, forman La trama nupcial. Leonard y Mitchell, a su manera, desde la tortura de su inestable mente uno y en la búsqueda espiritual del sentido de la existencia el otro, están enamorados de la idealista Madeleine, que en los libros indaga sobre el misterio del amor. Solo coinciden los tres, sin rumbo estable desde sus años universitarios hasta la entrega a la madurez, en una breve escena en una habitación, de apariencia anecdótica en el momento en que ocurre, aunque determinante en el desenlace brillante de la novela. La trama nupcial, con sus personajes débiles pero arrebatadores, habla de creer y resistir, de una lucha consigo mismo que subyace a la búsqueda del amor.
martes, 26 de marzo de 2019
LIBROS DEVORADORES
Retiro el envoltorio y leo: Los libros que devoraron a mi padre. Es el Día del Padre y mi hijo me ha regalado esto, con la intuición acertada de su madre. Afonso Cruz, portugués, escribe esta historia, que edita Blackie Books en España. Me dejo tragar, devorar por las palabras. "Estamos hechos de historias", repite el autor, "no de sangre, huesos y ADN", sino de historias. Y el niño que es protagonista busca a su padre desaparecido entre los libros del ático. Y se cruza con personajes que tenían vida en La isla del doctor Moreau, El doctor Jeckyl y Mr. Hyde, Crimen y castigo. La aventura es ágil, tierna, siniestra a veces, acompaña al crío en su crecimiento de gran lector. Y nos transmite que la materia de la que estamos hechos da forma a nuestros recuerdos, y que estos cambian según dejamos el pasado atrás. Porque sí, son las historias las que nos devoran, los libros, como una inagotable pesadilla. E imprescindible.
lunes, 4 de marzo de 2019
EL ÚLTIMO TRAGO DE LA AMISTAD
Quiero que
los libros no me suelten durante días después de haberlos terminado, seguir al
lado de sus personajes y dentro de su mundo interior y su mundo exterior como
si sus experiencias cerradas y abiertas fueran las mías. Otro libro que ha
conseguido este año que conviva tan intensamente con su propia dimensión es
Últimos tragos, con el que Graham Swift ganó el Man Booker Prize en 1996.
Antes de
abrir el libro conocía su trama. Había visto, dos veces, la película que lo lleva
a la pantalla, Last orders, rodada en 2001 por Fred Schepisi. Michael Caine,
Bob Hoskins, Tom Courtenay, Ray Winstone, David Hemmings y Helen Mirren forman
el reparto principal de un hermoso film ejemplarmente adaptado de la novela,
los monólogos cruzados de cuatro personajes (y otros de su entorno) que llevan
en un viaje en coche por el sur de Inglaterra las cenizas de su amigo Jack
hasta la orilla del mar. El libro lo tenía en casa desde hace tiempo y no fui
yo el primero en leerlo. Ahora lo ubico en esa estantería mental de libros
imprescindibles.
Swift me absorbe
y exige para después liberarme de placer. Cava en los rincones más escondidos de
sus personajes y los enseña desnudos, en su vulnerabilidad. Últimos tragos se
mueve hacia delante y hacia atrás, se detiene en escenas que entrelazan palabras
y pensamientos y arroja luz sobre el porqué de nuestros actos y la fragilidad
de los secretos. El pub donde los amigos compartían sus vidas después de cada
trabajo, familias rotas y hombres solos, hijos que huyen y vuelven, las últimas
voluntades fiadas a la fuerza de la amistad. Vida y muerte conviven
inseparables en la obra de Swift (El país del agua, El Domingo de las Madres,
Fuera de este mundo), en viajes que dan sentido a lo que nos define como
efímeros e insignificantes seres humanos.
jueves, 7 de febrero de 2019
EN LUGAR SEGURO... LA GENEROSIDAD
Este es placer supremo de voraz lector: descubrir una obra sublime de un autor al que se lee por primera vez, avalado o no (una y otro) por la hemeroteca de elogiosas reseñas. El último en entrar en esta caterogía es Wallace Stegner y el libro, En lugar seguro, publicado por primera vez en España por ese baúl de tesoros que es Libros del Asteroide. Esta novela es, no hay lugar a duda, una obra maestra.
En su lectura no pasan por los escenarios de la imaginación historias, tramas, giros argumentales o lances inauditos ni grandilocuentes; no hay desenlaces épicos ni dramatismo extremo. Lo que hay son cuatro personajes únicos descritos de forma conmovedora, con sus dudas y certezas, sus fuerzas vivas y sus sueños íntegros; dos parejas unidas por una larga amistad de décadas que envejecen desde los años de la Depresión hasta los últimos días de uno de sus miembros, todos juntos y su prole reunidos para una despedida que no es sino una bendición a la generosidad, al calor de la compañía y el aliento de la ayuda.
Y lo que arrebata al lector y hace de En lugar seguro una novela extraordinaria es un personaje y un autor: Charity, toda ella irradiando, con sus rigores desquiciantes y su ansia de control, precisamente la caridad que su nombre expresa; y Stegner, escultor impecable de palabras, sastre exquisito para hilar las íntimas relaciones de sus seres con lo que dicen sus gestos y silencios. Tan poco parece bastar, tan lejos llega la emoción.
(No precisa de esas apreciaciones que convierten a determinados libros en las Grandes Novelas de su País, de Estados Unidos en este caso. Si hubiera que apostar por alguna y me pidieran proponer candidatas, yo lo haría por esta.)
En su lectura no pasan por los escenarios de la imaginación historias, tramas, giros argumentales o lances inauditos ni grandilocuentes; no hay desenlaces épicos ni dramatismo extremo. Lo que hay son cuatro personajes únicos descritos de forma conmovedora, con sus dudas y certezas, sus fuerzas vivas y sus sueños íntegros; dos parejas unidas por una larga amistad de décadas que envejecen desde los años de la Depresión hasta los últimos días de uno de sus miembros, todos juntos y su prole reunidos para una despedida que no es sino una bendición a la generosidad, al calor de la compañía y el aliento de la ayuda.
Y lo que arrebata al lector y hace de En lugar seguro una novela extraordinaria es un personaje y un autor: Charity, toda ella irradiando, con sus rigores desquiciantes y su ansia de control, precisamente la caridad que su nombre expresa; y Stegner, escultor impecable de palabras, sastre exquisito para hilar las íntimas relaciones de sus seres con lo que dicen sus gestos y silencios. Tan poco parece bastar, tan lejos llega la emoción.
(No precisa de esas apreciaciones que convierten a determinados libros en las Grandes Novelas de su País, de Estados Unidos en este caso. Si hubiera que apostar por alguna y me pidieran proponer candidatas, yo lo haría por esta.)
martes, 5 de febrero de 2019
CARVER A TRAVÉS DE TOMINE
Lo que más me gusta de Raymond Carver es lo que no escribe ni cuenta, lo que esconden sus relatos entre líneas y callan sus personajes después del punto final, que dejan al lector sumido en la tristeza que tan a menudo empaña las vidas de sus hombres y mujeres o de sus parejas. Hay una espesa amargura en la obra de Carver que trasciende el pequeño universo que exploran sus relatos y extiende su dolor a la soledad que hunde en la grisura al ser humano. Unas veces desde la anécdota, otras a través de un diálogo, o de un periodo que desgasta la relación de un hombre o una mujer con sus allegados. Y eso, el sello desolador de Carver, lo encuentro (no soy el único en dejarlo por escrito) en las historias gráficas de Adrian Tomine.
Paseo por las viñetas cada cierto tiempo, menos del que me gustaría. Nunca me sedujo lo suficiente el cómic pese al atractivo de los mundos que recrea y a los dibujos con que lo hace; será porque siempre he concedido demasiato tiempo a los libros, a las películas y a los discos y me encontré sin horas para profundizar en la banda diseñada. Tomine, norteamericano de origen asiático, es ilustrador en The New Yorker y de entre sus obras, que incluyen breves relatos con seres aislados y desorientados, en conflicto consigo mismos y con sus familias o parejas, he leído dos que me han encantado: Intrusos y Sonámbulos y otras historias. En ellas, el último de sus dibujos te deja suspendido en la hondura de una decepción, un desamparo en mitad de la vida, una incomunicación. Vidas cruzadas cuando hablamos de amor.
Paseo por las viñetas cada cierto tiempo, menos del que me gustaría. Nunca me sedujo lo suficiente el cómic pese al atractivo de los mundos que recrea y a los dibujos con que lo hace; será porque siempre he concedido demasiato tiempo a los libros, a las películas y a los discos y me encontré sin horas para profundizar en la banda diseñada. Tomine, norteamericano de origen asiático, es ilustrador en The New Yorker y de entre sus obras, que incluyen breves relatos con seres aislados y desorientados, en conflicto consigo mismos y con sus familias o parejas, he leído dos que me han encantado: Intrusos y Sonámbulos y otras historias. En ellas, el último de sus dibujos te deja suspendido en la hondura de una decepción, un desamparo en mitad de la vida, una incomunicación. Vidas cruzadas cuando hablamos de amor.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)











