sábado, 30 de julio de 2016

FARIÑA, DROGA PERIODÍSTICA



El periodismo despeja la niebla que esconde el paisaje turbio. Abre los ojos a quienes no quieren (o no saben) ver. Informa, muestra y denuncia para que sus receptores interpreten y juzguen. Para que nada se olvide. Nacho Carretero ofrece una lección magistral de precisión narrativa, con un excepcional trabajo de recopilación, investigación y brillante exposición, en Fariña. Historia e indiscreciones del narcotráfico en Galicia (Libros del KO).

Fariña es un trabajo periodístico ejemplar y una dinámica lectura tan entretenida como escalofriante. El retrato riguroso que hace del tráfico de droga en Galicia desde la década de los ochenta del siglo pasado es terrorífico, brutal y desgraciadamente real. Aquello ocurrió y sigue ocurriendo: los pioneros del contrabando en Galicia, el tráfico de tabaco, el paso a la droga, los clanes, los capos, las operaciones judiciales, las condenas, el silencio en los pueblos de las Rías Baixas, las conexiones con la política y los políticos, las víctimas. Todo eso recoge Fariña con descarnada lucidez, con multitud de datos y nombres pero sin ninguna confusión y a través de material reunido muy bien masticado y testimonios de policías, magistrados, periodistas y vecinos.

Conozco a Nacho, aunque poco. Compañero de profesión, compartimos hace tiempo objeto de información (un equipo de fútbol que él venera y al que yo ahora le muestro, como mucho, indiferencia), él en su medio y yo en el mío. Pero pocas veces hablamos. Me alegra que haya hecho tantos kilómetros en otros medios, informado sobre historias que merecen ser contadas y publicado este libro.

sábado, 9 de julio de 2016

“EL ARDOR INGENUO DE LAS ALMAS SENCILLAS”

Los que lidiamos con las palabras una batalla permanente para hacernos entender bien, para dar en el clavo con los matices del mensaje, nos sobrecogemos cuando en las páginas de un libro que manoseamos en el parque las hojas nos ofrecen, con la precisión del matrimonio inquebrantable que forman uno o dos sustantivos con sus respectivos calificativos, las expresiones magníficas que nunca seríamos capaces de encontrar ni utilizar. Quiebros, trampas, misterios y magias del lenguaje.

En la descripción de los ritos que han definido la naturaleza de un lugar, la ciudad de Brujas, Stefan Zweig en sus viajes emplea “el ardor ingenuo de las almas sencillas” para referirse a la cualidad que es capaz de componer “la callada poesía de las cosas sagradas”. Sublime.

Yo llevo unas horas dándole vueltas al ardor y las almas, la ingenuidad y la sencillez, trasladando la extraordinaria combinación lingüística creada por el viajero Zweig a las innumerables acciones, actitudes y hábitos en los que somos capaces de incurrir los seres humanos.

miércoles, 22 de junio de 2016

FUNNY HORNBY

Cuán sano, ameno, nostálgico y sobre todo entretenido es dejarse llevar por las novelas de Nick Hornby. No necesita elogios de la erudición ni favores del elitismo para reafirmarse (confirmárseme a mí) como un excelente escritor. Obras como Alta fidelidad o Juliet, desnuda, dos de sus trabajos más musicales, no tienen caducidad en el catálogo de mis/nuestras emociones. Su huella ha convertido a Hornby en un autor imprescindible.

Funny girl, recién publicada por Anagrama, es su más reciente trabajo. No me parece el más redondo, pero encuentro, y disfruto, las delicias imperecederas que emanan de las ficciones de Hornby: frágil inocencia, deleite de un oficio y pasión por la creatividad son algunas de ellas. Barbara deja el norte y llega a Londres a mediados de los años sesenta para convertirse en la encantadora estrella de una serie de televisión; las personas que la rodean (actores, guionistas, productores, agentes), cada uno con sus fuerzas y abatimientos, guiarán a Barbara (y a nosotros los lectores) por los raíles del éxito, de los cambios generacionales, del amor y de la vida misma a través de los platós de televisión, los guiones y las incertezas del ser humano.

lunes, 6 de junio de 2016

DE FICCIONES Y REALIDADES. OONA, SALINGER Y BEIGBEDER

Debo inclinarme ante Frédéric Beigbeder por su emocionante imaginación, por el cariño honrado y a la vez atrevido, sin imposturas, que profesa a un ángel de irresistible adoración y a un guerrero herido. En Oona y Salinger, el escritor francés maneja la breve relación real que mantuvieron Oona O’Neill y Jerry Salinger (años antes de ser J. D. Salinger y ocultarse al mundo) para crear una ficción confundida con la veracidad, tan juguetona y tan creíble al mismo tiempo, que hace pensar que los hechos ocurrieron verdaderamente así. O no. O casi.

Oona y Jerry se conocieron a comienzos de los años 40 en Nueva York, fueron amigos íntimos y se quisieron en la castidad con un mundo de diferencias entre sus formas de ser hasta que la guerra los separó: ella conoció a Charlie Chaplin, se casó con él y le dio ocho hijos hasta la muerte del genio; él se alistó en el ejército, participó en el desembarco de Normandía, regresó trastornado con los horrores que presenció, escribió una obra maestra, El guardián entre el centeno, y se refugió en la incomunicación.

La obra de Beigbeder (expublicista, periodista y cronista de la noche parisina, de quien me había decepcionado hace años El amor dura tres años) se apoya en biografías y documentos verídicos para inventar, con una credibilidad aplastante, las conversaciones que existieron entre Jerry y Oona y nadie escuchó y las cartas que él le envió cuando ya se habían separado y a las que los custodios de los legados de ambos, como era de esperar, no permitieron su acceso. Beigbeder acompaña a Salinger en el frente y a Oona en la vejez de Chaplin, y en su experimento cada voltereta le sale perfecta, sobre el alambre del amor y la falta de amor, de los encuentros y alejamientos de la vida.

sábado, 28 de mayo de 2016

33 REVOLUCIONES POR MINUTO. HISTORIA DE LA CANCIÓN PROTESTA

La política y la canción no casan bien. Una ha activado a la otra como canal de protesta y denuncia, pero la otra no ha logrado cambiar los vicios y miserias de la una. No, la música, no va a transformar el mundo. Todo un siglo de agitación, enfado, furia y activismo contra el poder avaricioso, la corrupción y las injusticias a través de la música para nada más que para advertir que las causas que encienden la lucha no dejan de repetirse. Un libro, un libraco excepcional que edita Malpaso, recoge en más de 900 páginas la historia de esas canciones protesta y los músicos que las crearon en los turbulentos ambientes que las motivaron. Dorian Lynskey, periodista del The Guardian, lúcido cronista y apasionado indagador musical, firma el magnífico tomo 33 revoluciones por minuto. Historia de la canción protesta.

La grandeza de esta obra voluminosa se encuentra en varios aspectos. Estos dos resumen todos los aciertos: la explicación precisa del contexto histórico y social en que se producen los acontecimientos que provocan la indignación de los músicos y alientan sus respuestas (la segregación racial, la guerra, el hambre, la pobreza, la crisis, el poder dictatorial); la claridad con que el autor expone hechos y los enlaza con los actores de la protesta a través de la música (Woody Guthrie, Bob Dylan, Bob Marley, Víctor Jara, John Lennon, Fela Kuti, Public Enemy, Stevie Wonder, Bono, Billy Bragg y otros con menos literatura como Crass, Manic Street Preachers, Last Poets o Huggy Bear) Con rigor y magistral agilidad, Lynskey condensa historia y legado musical mediante obras y juicios que evidencian la coherencia de algunos discursos contra el sistema o el oportunismo y la ambiguedad de otros. Apasionante. Imprescindible.

También en Tribecasessions

viernes, 13 de mayo de 2016

LEER EN...


Lugares donde leer. Maneras distintas de experimentar el viaje y su placer. Las he visto confesadas en alguna parte o las he escuchado en momentos de revelaciones íntimas. Quiero aportar mis sensaciones.

-Leer en la cama
 
Mortecina resiste la luz de la lámpara desde la mesilla, pesan las pestañas y asoman lágrimas de escozor en los bostezos. Acaba el día y nos abrazamos al libro, de sus páginas sale una realidad alternativa que apaga nuestras obligaciones cotidianas hasta unas horas más tarde. Somos sus protagonistas, en reposo y sin peso, en los últimos suspiros del día.

-Leer en el parque
La gente vive a nuestro alrededor a distintas velocidades. Nosotros estamos quietos, con el cuerpo amoldado a las curvas de un banco, la brisa en la cara, ajenos al frío o al calor. Habla o susurra la naturaleza, que ahoga el zumbido lejano del mundo. Un insecto, una rama o una hoja fugitivas caen para entrometerse en el relato, amigas pasajeras de las palabras.

-Leer en un café
Llega humeante el café en la taza o susurran traviesas las burbujas de un refresco. Un sorbo antes de abrir el libro por donde lo habíamos interrumpido, el canto sobre la madera o el mármol, las manos en las páginas, atrapados en nuestro silencio. Alzamos la vista para que la curiosidad se detenga en un rostro o un comentario mientras el libro espera.

-Leer en el baño
Aprovechar el tiempo sin ser conscientes de su paso después de la comida, al comienzo del día o poco antes de despedirlo. Allí nos espera el ejemplar cerrado reclamando ser abierto. En la más fisiológica de nuestras intimidades, sin escrúpulos ni delicadezas. Alivio y placer. ¿Qué mejor manera de guardar la fidelidad al libro que recreándonos en nuestras costumbres?

lunes, 25 de abril de 2016

FORD, FRANK, LA MUERTE Y LA VIDA

El amor no es otra cosa, al fin y al cabo, que una interminable serie de actos individuales.”
 
De cada libro que cerramos y guardamos o devolvemos deberíamos sacar enseñanzas, luces que alumbren nuestros espacios en sombra. Podremos reafirmarnos u observar el paisaje desde otros ángulos, seguir en línea recta o desviarnos. Buscamos esa riqueza en las lecturas: una frase, un breve diálogo, una descripción, un capítulo entero, un personaje que nos deje escarbando en los caprichos de nuestra vida y nos haga recordar el libro para siempre.
 
Un poco de todo esto es memorable en Francamente, Frank, la novela más reciente de Richard Ford. Al llegar a la última página tenemos la sensación de que la vida expira, de que la esperanza y la vitalidad a la que nos aferramos se nos va perdiendo. Esto es lo que hay, hasta aquí llegamos. No hay lugar al remordimiento. Unos somos más afortunados que otros. La muerte acompaña a Frank Bascombe y a los personajes moribundos de la cuarta novela de Ford que protagoniza Bascombe, la que sucede en una nueva década a la densa y 'radiografiante' trilogía americana del autor. Frank, tras dejar atrás enfermedades, muertes, matrimonios y el huracán Sandy, va perdiendo fuerzas en esta obra, pero aún conserva la agudeza y la ironía con las que asimilar cuanto se va pudriendo a su alrededor: la vida.