lunes, 15 de julio de 2013

EL VERANO Y LAS MENTIRAS… MENTIRAS DE VERANO

Volví la memoria a aquellas lecturas que me habían conmovido, que me impulsaron a cerrar el libro y apretarlo contra el pecho para seguir nadando por sus páginas los días siguientes. El palacio de la luna y Chesil Beach, recordé. Auster y McEwan. Hay más. La más reciente, Mentiras de verano, siete relatos de Bernhard Schlink, cuya novela El lector también cubrí de calor hace unos años entre mis brazos.

Siete páginas veraniegas y un puñado de vidas escogidas al azar: hombres encarcelados en su incapacidad de diferenciar el engaño de la sinceridad, madres mayores que pierden la capacidad de amar, padres enclaustrados en su hermetismo permanente e hijos que anhelan diálogo, viajeros solitarios, parejas descompensadas. Unos y otros transitan por las historias y preguntas con las que el elegante escritor alemán trata de descifrar el organismo vulnerable de las personas y la insignificancia de sus vidas. Siempre en verano, cuando abrimos paréntesis y nos preguntamos si los que se toman un descanso somos nosotros, de hueso y carne, o nuestros espíritus.

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